LA REINA DE PICAS

SI LO VAS A LEER DESDE ALGUNO DE ESTOS APARATOS, PULSA ESTE FICHERO "epub"

SI DESEAS DESCARGAR EL LIBRO PARA VERLO DESDE CUALQUIERA DE LAS SIGUIENTES MANERAS:

— UN TELÉFONO MÓVIL Y LEERLO CON UN PROGRAMA QUE YA LLEVA INCORPORADO TU "SMARTPHONE", COMO "iBOOK" en APPLE, "PLAYLIBROS" en Android, etc

— UN TABLET (FUNCIONA CON TODOS LOS MODELOS Y MARCAS)

— UN ORDENADOR (CUALQUIER MODELO, WINDOWS, APPLE, ETC) Y LEERLO CON UN PROGRAMA DE LECTURA DE FICHEROS "epub" COMO  EL PROGRAMA GRATUITO "CALIBRE".

— UN LECTOR DE "eREADER" 

PULSA SOBRE EL ENLACE DE ABAJO PARA DESCARGAR "LA REINA DE PICAS" 

PUEDES TAMBIÉN LEERLO EN ESTA WEB, DESDE AQUÍ MISMO, ABRE ESTE FICHERO "PDF"

A CONTINUACIÓN TIENES UN FICHERO PDF, PULSA SOBRE EL NOMBRE Y SE TE ABRIRÁ Y PODRÁS LEER EL RELATO.

SI LO DESEAS TAMBIÉN LO PUEDES DESCARGAR

LA REINA DE PICAS de Alexander Pushkin (1833)

UN DÍA EN CASA del oficial de la Guardia Narúmov jugaban a las cartas.

La larga noche de invierno pasó sin que nadie lo notara; se sentaron a cenar pasadas las cuatro de la mañana. Los que habían ganado comían con gran apetito; los demás permanecían sentados ante sus platos vacíos con aire distraído. Pero apareció el champán, la conversación se animó y todos tomaron parte en ella.

—¿Qué has hecho, Surin? —preguntó el amo de la casa.

—Perder, como de costumbre. He de admitir que no tengo suerte: juego sin subir las apuestas, nunca me acaloro, no hay modo de sacarme de quicio, ¡y de todos modos sigo perdiendo!

—¿Y alguna vez no te has dejado llevar por la tentación? ¿Ponerlo todo a una carta?… Me asombra tu firmeza…

—¡Pues ahí tenéis a Guermann! —dijo uno de los presentes señalando a un joven oficial de ingenieros—. ¡Jamás en su vida ha tenido una carta en las manos, nunca ha hecho ni un pároli, y, en cambio, se queda con nosotros hasta las cinco a mirar cómo jugamos!

—Me atrae mucho el juego —dijo Guermann—, pero no estoy en condiciones de sacrificar lo imprescindible con la esperanza de salir sobrado.

—Guermann es alemán, cuenta su dinero, ¡eso es todo! —observó Tomski—. Pero si hay alguien a quien no entiendo es a mi abuela, la condesa Anna Fedótovna.

—¿Cómo?, ¿quién? —exclamaron los contertulios.

—¡No me entra en la cabeza —prosiguió Tomski—, cómo puede ser que mi abuela no juegue!

—¿Qué tiene de extraño que una vieja ochentona no juegue? —dijo Narúmov.

—¿Pero no sabéis nada de ella?

—¡No! ¡De verdad, nada!

—¿No? Pues, escuchad:

"Debéis saber que mi abuela, hará unos sesenta años, vivió en París e hizo allí auténtico furor. La gente corría tras ella para ver a la Vénus moscovite; Richelieu estaba prendado de ella y la abuela asegura que casi se pega un tiro por la crueldad con que ella lo trató.

En aquel tiempo las damas jugaban al faraón. Cierta vez, jugando en la corte, perdió bajo palabra con el duque de Orleáns no sé qué suma inmensa. La abuela, al llegar a casa, mientras se despegaba los lunares de la cara y se desataba el miriñaque, le comunicó al abuelo que había perdido en el juego y le mandó que se hiciera cargo de la deuda.

Por cuanto recuerdo, mi difunto abuelo era una especie de mayordomo de la abuela. Le temía como al fuego y, sin embargo, al oír la horrorosa suma, perdió los estribos: se trajo el libro de cuentas y, tras mostrarle que en medio año se habían gastado medio millón y que ni su aldea cercana a Moscú ni la de Sarátov se encontraban en las afueras de París, se negó en redondo a pagar. La abuela le dio un bofetón y se acostó sola en señal de enojo.

Al día siguiente mandó llamar a su marido con la esperanza de que el castigo doméstico hubiera surtido efecto, pero lo encontró incólume. Por primera vez en su vida la abuela accedió a entrar en razón y a dar explicaciones; pensaba avergonzarlo, y se dignó a demostrarle que había deudas y deudas, como había diferencia entre un príncipe y un carretero. ¡Pero ni modo! ¡El abuelo se había sublevado y seguía en sus trece! La abuela no sabía qué hacer.

Anna Fedótovna era amiga íntima de un hombre muy notable. Habréis oído hablar del conde Saint Germain, de quien tantos prodigios se cuentan. Como sabréis, se hacía pasar por el Judío errante, por el inventor del elíxir de la vida, de la piedra filosofal y de muchas cosas más. La gente se reía de él tomándolo por un charlatán, y Casanova en sus Memorias dice que era un espía. En cualquier caso, a pesar de todo el misterio que lo envolvía, Saint Germain tenía un aspecto muy distinguido y en sociedad era una persona muy amable. La abuela, que lo sigue venerando hasta hoy y se enfada cuando hablan de él sin el debido respeto, sabía que Saint Germain podía disponer de grandes sumas de dinero, y decidió recurrir a él. Le escribió una nota en la que le pedía que viniera a verla de inmediato

PUEDES CONTINUAR LA LECTURA DE ESTE RELATO, ESCOGIENDO UNA DE LAS MANERAS QUE DESEES, DE LAS QUE SE TE OFRECE AL PRINCIPIO. ¡Gracias!