PANCHATANTRA

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PANCHATANTRA atribuido a Visnu Sharma en el Siglo III a.C.

Creo importante para aquellos que lo desconozcan, que traiga a esta selección de relatos, uno de los libros antiguos que podemos clasificar como de origen de los cuentos, en este caso sería más correcto decir de las fábulas. Hay algunos pocos más que ya iremos viendo. Me estoy refiriendo al "Panchatantra", que es una colección de fábulas en idioma sánscrito, en prosa y verso, compuesto después del siglo III antes de Cristo.

Según la historia que se cuenta en el Hitopadesha (Continuacion o traducción en parte del Panchatantra del siglo VII), el rey Sudarshana, preocupado por la educación de sus jóvenes príncipes, le encarga la enseñanza de la moral a un bráhmana (sacerdote) llamado "Visnú Sharma", quien es considerado el autor del "Panchatantra".

Para que nos situemos, debemos saber que el "Panchatantra" contiene muchas fábulas en común con las Fábulas de Esopo (del siglo VI a. C.).

El texto consiste en la ilustración antropomórfica de los cinco principios más importantes del rāja nīti (ciencia política) a través de los animales. Los cinco principios ilustrados, que se les enseñaban a los Principes,  son:

Mitra bheda (como dividir a los amigos)

Mitra lābha (cómo ganar amigos)

Suhrid bheda (disensión con la amada)

Vigraha (separación)

Sandhi (unión)

El Panchatantra alcanzó su forma actual entre el 300 y el 400 después de Cristo.

Hacia el 570 fue traducido al persa, por orden del rey sasánida Anushiraván (Cosroes I, 501-579).

Desde el persa pasó al árabe hacia el 850.

En el año 570 fue traducida al pahlavi (o persa literario) y pocos años más tarde al sirio.

En el siglo VIII el iraní Ibn Al Muqaffa lo tradujo del persa al árabe. De allí se creó la colección árabe Kalila wa - Dimna (كليلة ودمنة), que se difundió por toda Europa.

Fue exportado en forma oral y escrita a China, Indonesia y el sudeste de Asia por monjes budistas.

Los viajeros llevaron sus historias a Persia, Arabia, y en el siglo IX a Grecia y de ahí al resto de Europa.

En el siglo XII se tradujo al hebreo. Esta traducción se considera fuente de la mayor parte de las versiones europeas.

En 1251, posiblemente el rey español Alfonso X el Sabio (todavía infante) mandó traducir el texto árabe al castellano: "Calila e Dimna".

En 1278, Jean de Capoue la tradujo al latín con el título "Directorium humanae vitae".

En 1313, Raymond de Beziers la tradujo nuevamente al latín y se le ofreció al rey Felipe el Hermoso.

En 1644, Gilbert Gaulmin (bajo un seudónimo) tradujo la versión persa al francés con el título "El libro de la luz o la conducta de los reyes", compuesto por el sabio indio Pilpay y traducida al francés por David Sahid.

En 1666, el padre Père Poussines la tradujo nuevamente al latín con el título "Specimen sapientiae indorum veterum" (modelo de la sapiencia de los antiguos indios).

Por alguna razón, casi todos los traductores nombran a un tal Pilpaï como autor, aunque en las versiones persas e indias no se lo nombra.

Bueno y este es el viaje mas o menos documentado de dicha colección de fábulas. He querido detallar los viajes de las versiones originales de las narraciones, de la adaptaciones que regresan de nuevo a sus orígenes, para destacar que esto suele ser muy habitual con los orígenes de la mayoría de cuentos o leyendas. ¡Se pierden en los tiempos!

EL LEÓN Y EL CHACAL

EL LEÓN Y EL CHACAL

En cierta región de un bosque vivía un león llamado Kharanakhara que corriendo un día hambriento por todas partes no pudo cazar ninguna bestia.

A eso de la puesta del sol, llegó a una gran cueva, entró en ella y pensó: —Seguramente que algún animal vendrá a pasar la noche en esta cueva; de modo que me voy a quedar aquí escondido.

Estando allí en tal situación, llegó el dueño de la cueva, que era un chacal llamado Adhipuchchha, el cual miró y vio las huellas del pie de un león que había entrado y no salido de la cueva. Entonces pensó:

—¡Ah!, perdido estoy; seguramente que aquí dentro hay un león. ¿Qué hago? ¿Cómo he de huir?.

Pensando así y sin moverse de la puerta empezó a gritar:
—¡Eh, caverna! —Dicho esto, añadió de nuevo— ¿ignoras que tienes un pacto conmigo, según el  yo te he de hablar al venir de fuera y tú me has de responder? Si no me respondes, pues, me voy a otra gruta.
El león al oír esto pensó:

—Sin duda que la caverna invita a éste siempre que viene y hoy se calla por temor a mí. Pues se ha dicho esto:
"Cuando el miedo oprime el corazón, quedan sin poder obrar las manos, los pies, la lengua y demás; el temblor es el único que domina".
Voy, pues, a llamarle yo para que entre y me sirva de comida.

Habiéndolo pensado así, le llamó. El rugido del león llenó todo el ámbito de la caverna, retumbando en ella cien veces; de tal modo, que puso en fuga hasta las bestias que estaban lejos. El chacal huyó enseguida a todo correr y recitó esta zloka:
—"Quien procede con cautela vive feliz, y no vive el que obra sin discernimiento. Yo me he hecho viejo viviendo en el bosque, y nunca he oído que una cueva hable".

LOS BRAHMANES Y EL LEÓN

LOS BRAHMANES Y EL LEÓN

En cierto pueblo había cuatro brahmanes (Sacerdotes) que eran amigos. Tres habían alcanzado el confín de cuanto los hombres pueden saber, pero les faltaba cordura.

El otro desdeñaba el saber; sólo tenía cordura.
Un día se reunieron.

—¿De qué sirven las prendas —dijeron—, si no viajamos, si no logramos el favor de los reyes, si no ganamos dinero? Ante todo, viajaremos.
Pero cuando habían recorrido un trecho, dijo el mayor:
—Uno de nosotros, el cuarto, es un simple, que no tiene más que cordura. Sin el saber, con mera cordura, nadie obtiene el favor de los reyes. Por consiguiente, no compartiremos con él nuestras ganancias. Que se vuelva a su casa.
El segundo dijo:
—Mi inteligente amigo, careces de sabiduría. Vuelve a tu casa.
El tercero dijo:
—Ésta no es manera de proceder. Desde chicos hemos jugado juntos. Ven, mi noble amigo. Tú tendrás tu parte en nuestras ganancias.
Siguieron su camino y en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos dijo:
—Buena ocasión para ejercitar nuestros conocimientos. Aquí hay un animal muerto; resucitémoslo.
El primero dijo:
—Sé componer el esqueleto.
El segundo dijo:
—Puedo suministrar la piel, la carne y la sangre.
El tercero dijo:
—Puedo darle vida.
El primero compuso el esqueleto, el segundo suministró la piel, la carne y la sangre. El tercero se disponía a infundir la vida, cuando el hombre cuerdo observó:
—Es un león. Si lo resucitan, nos va a matar a todos.
—Eres muy simple —dijo el otro—. No seré yo el que frustre la labor de la sabiduría.
—En tal caso —respondió el hombre cuerdo— aguarda que me suba a este árbol.
Cuando lo hubo hecho, resucitaron al león; éste se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó que se alejara el león, para bajar del árbol y volver a su casa.

EL LEÓN Y LA LIEBRE

EL LEÓN Y LA LIEBRE

En una montaña llamada Mandara, había un león nombrado Durdanta. Dicho león se entretenía en hacer una continua matanza de animales. Estos se unieron y le enviaron representaciones.

—Señor —le dijeron— ¿por qué destruís así a todos los animales? Todos los días os enviaremos a uno de nosotros para que os alimentéis.

Y así fue. El león, a partir de entonces, devoró todos los días a uno de aquellos animales.

Cierto día, una liebre vieja, a la que le llegó el turno de servir de pitanza, se dijo para sus adentros:

—No se obedece más que a aquel a quien se teme. Y eso para conservar la vida. Si debo morir, ¿de qué me va a servir el demostrar sumisión al león? Voy, pues, a tomarme tiempo excesivo para llegar hasta él. No me puede costar más que la vida ¡y ésa la he de perder! Así habré pasado mis últimos momentos completamente desligada de las cosas de aquí.

Se puso en marcha, aunque fue deteniéndose por el camino, aquí y allá,

para masticar algunas sabrosas raíces.

Por fin llegó a donde estaba el león y este, que tenía hambre, le dijo colérico, en cuanto la vio:

—¿Por qué vienes tan tarde?

—No es mía la culpa —respondió la liebre—. He sido detenida en el camino y retenida a la fuerza por otro león, al que he jurado volver a su lado, y vengo a decírselo a vuestra majestad.

—Llévame pronto —dijo furioso el león— cerca de ese bribón que desconoce que soy todopoderoso.

La liebre condujo a Durdanta junto a un pozo profundo. Allí le dijo:

—Mirad, señor; el atrevido está en el fondo de su antro.

Y mostró al león su propia imagen, reflejada en el agua del pozo.

El león, hinchado de orgullo, no pudo dominar su cólera, y, queriendo aplastar a su rival, se precipitó dentro del pozo en donde encontró la muerte.

Lo cual prueba que la inteligencia aventaja a la fuerza. La fuerza desprovista de inteligencia no sirve de nada.

 

EL CHACAL Y EL COCODRILO

EL CHACAL Y EL COCODRILO

Érase una vez un pequeño y astuto chacal que muy hambriento rondaba por la orilla del gran río en busca de algún pececillo o cangrejito con que alimentarse.

Pero en el fondo del río vivía un enorme cocodrilo, que también estaba hambriento y que, escondido entre el barro y las cañas, espiaba al chacal en espera de que en cualquier momento diese un paso en falso y cayera al agua para comérselo.

En varias ocasiones a punto estuvo el chacal de meterse precisamente en la boca del cocodrilo, pero valiéndose de su astucia logró salvarse del mortal peligro.

Entonces, temeroso de ser engullido por el feroz cocodrilo, el chacal decidió irse a pescar a otro lugar del río, donde no estuviera bajo la constante amenaza del saurio.

Pero éste, muerto de hambre y loco de rabia al ver que se le escapaba tan rico bocado, determinó salir del río e ir en busca de la guarida del chacal para vengarse de él.

Y ésa fue su perdición, porque enterado el astuto chacal de que el cocodrilo aguardaba en el interior de su madriguera para comérselo, encendió una enorme hoguera a la entrada hasta que el enemigo, impotente para franquear la barrera de llamas, quedó reducido a un montón de cenizas.

El elemento propio da fuerza y confianza; salirse de él es un riesgo imprudente. 

EL PIOJO Y LA PULGA

EL PIOJO Y LA PULGA

Cierto rey tenia un delicioso lecho, en el cual, en medio de un par de sábanas muy blancas, habitaba un piojo llamado Mandavisarpini. Chupando éste la sangre del rey pasaba el tiempo felizmente, hasta que un día, saltando a la ventura, llegó a pararse en el lecho una pulga llamada Agnimulcha.

Al verla el piojo, le dijo con el semblante entristecido:

—Ce, Agnimultha, ¿cómo vienes tú a este lugar que no te conviene? ¡Vete, pues, pronto, antes que alguien te vea!

— Venerable, le dijo ella, aunque sea un hombre malo el que entra en una casa no se le debe hablar así. Pues se ha dicho:

"¡Ven, acércate, descansa en esta silla, cuánto tiempo sin dejarte ver!, ¿cómo te encuentras?, ¿están enfermo?, ¡salud tengas!. ¡Cuán contento estoy de verte!"

Tal es lo que hacen los hombres de bien cuando otro llega a su casa aunque éste sea uno de bajo origen y tal es el deber de los amos de casa, según declaran los tradicionistas; deber fácil de cumplir y que lleva al cielo

Además, he saboreado varias especies de sangre de distintas clases de hombres; pero todas ellas, por causa de la alimentación, tenían un sabor desagradable, picante, astringente o ácido; nunca he podido gustar de una sangre dulce. De modo que, si tú me haces el favor, obtendré la felicidad de probar con mi lengua la sangre que se engendra en el cuerpo de este rey, producida por la mezcla de manjares sazonados de varias maneras, bebidas, exquisitos jarabes y refrescos. Y se ha dicho:

"El placer de la lengua es igual. según se dice, en el rey que en otro hombre; es el placer reputado mejor: por causa del mismo trabaja la gente".

Si no existiera en el mundo el acto que nos da el placer de la lengua. no habría quien fuera criado de otro ni se le sometiera para nada.

Si un hombre dice mentira. si sirve a quien no lo merece y si se va a países extraños, todo es por causa del vientre.

Por lo tanto, llegada yo aquí como huésped y atormentada por el hambre, he de tomar comida aunque sea en tu presencia; no está bien que tú solo chupes la sangre de este rey.

En oyendo esto, dijo Mandavisarpini:

—Mira. pulga; yo chuparé la sangre del rey mientras él duerma y luego tú, que tienes boca de fuego y eres ligera. Si de esta manera quieres beber la sangre conmigo, quédate; gusta de esta sangre tan deseada.

—Asi lo haré, venturoso, dijo la pulga. Mientras tú no gustes primero la sangre del rey, que caiga sobre mi la maldición del preceptor de los dioses si la cato yo antes.

Mientras así conversaban los dos, se acercó el rey a la cama y se acostó. Pero era tal el hambre y tan vehemente el deseo de placer de la pulga, que picó al rey estando aun despierto.

—Pues bien se ha dicho:

"El natural de uno, no puede ser alterado por la enseñanza. Por mucho que calientes el agua, ella se enfría luego.

Más probable es que el fuego enfríe y que los rayos de la luna quemen, que poder cambiar en el mundo el natural de los mortales".

En seguida el rey, como si hubiera sido pinchado por punta de aguja, saltó de la cama y se levantó al momento diciendo:

—Ce, mirad aquí; en el cobertor hay algún piojo o pulga, por quien he sido mordido.

Los guardias del gineceo que estaban allí cogieron el cobertor y lo revisaron con todo cuidado. La pulga entretanto se echó de un salto con ligereza a un borde de la cama; pero Mandavisarpini, envuelto entre los pliegues del cobertor, fue visto y muerto.

—Por esto digo yo: "Nunca des hospitalidad", etc.

—Enterado usted de esto, ha de hacer por matar a éste; si no, matará él a usted. Y se ha dicho:

"El que abandona a los suyos, admite a los extraños como si fueran los suyos, encuentra en verdad la muerte como el rey Kakudruma".