Alexandr N. Afanasiev

LISTA Y ACCESO A LOS CUENTOS MÁS CONOCIDOS DE AFANASIEV

El zarevich Iván, el pájaro de fuego y el lobo gris

La bruja Baba Yaga

La niña lista

Marya Morevna y la muerte de Koshchei el inmortal

Vasilisa la Hermosa

Anda no sé adónde, busca no sé qué

El adivino

El arpa mágica

El campesino Demyan

El campesino, el oso y la zorra

El corredor veloz

El demonio

El Gallito de Cresta de Oro

El gato y la zorra

El gato, el gallo y la zorra

El genio de la estepa

El gigante Verlioka

El gnomo bigotudo y el caballo blanco

El hombre bueno y el hombre malo

El infortunio

El niño prodigioso

El pato blanco

El pez de oro

El príncipe Danilo

El Rey del Frío

El sol, la luna y el cuervo

El soldado y la muerte ***

El sueño profético

El Tesoro

El valiente jornalero

El zarevich cabrito

Fomá Berénnikov

Gorrioncito

Historia de Gore-Gorinskoe

Ivan el Tonto 

Juanito el tonto 

Kuzma Skorobogati

La acusadora

La alforja encantada

La araña Mizguir

La bruja y la hermana del Sol

La ciencia mágica

La doncella sabia

La invernada de los animales

La montaña de oro

La nave voladora

La pluma de Fenist, el halcón radiante

La rana zarevna

La sortija encantada 

La vaquita parda

La vejiga, la paja y el calzón de líber

La zarevna Belleza Inextinguible

La zorra, la liebre y el gallo

Los dos hijos de Iván el soldado 

Marco el Rico y Basilio el Desgraciado

Morozko

Morozko, el Rey del Frío

Tomás Berennikov

Verlioka 

Alexandr Nikolaievich AFANASIEV (1826-1871) El Recolector de los Cuentos Rusos

Aleksandr Nikoláyevich Afanásiev (Александр Николаевич Афанасьев; Nacido en Boguchar, Vorónezh, el 11 de julio de 1826 y fallecido en Moscú, el 23 de octubre de 1871.

Fue el mayor de los folcloristas rusos de la época, y el primero en editar volúmenes de cuentos de tradición eslava que se habían perdido a lo largo de los siglos.

Hijo de un abogado de clase media y de educación e intereses sumamente burgueses y refinados, toda la familia hubo de trasladarse, cuando Alexandr Nikolaievich era todavía un niño, a la ciudad de Bobrovo. Dotado desde muy joven de una extraordinaria curiosidad intelectual, Afanasiev finalizó de manera brillante sus estudios de enseñanza secundaria, y se trasladó a Moscú para cursar la carrera de derecho cuando contaba 18 años, en 1844. A partir de aquella época no dejó de relacionarse con círculos intelectuales y políticos progresistas, ni tampoco dejó de ampliar sus intereses ni de profundizar en sus estudios, más atentos en realidad a lo histórico y a lo literario que a lo jurídico. Su primer artículo, que vio la luz en el año 1847, llevaba por título "La economía estatal en la época de Pedro el Grande".

Aunque ya en su época de estudiante empezó a tener conflictos con las autoridades académicas, sumamente reaccionarias, Afanasiev pudo ocupar, en el año 1849, un cargo de funcionario en el archivo central del Ministerio de Asuntos Exteriores de Moscú, en el que trabajó hasta 1862. Durante todo aquel período mantuvo una gran actividad intelectual y científica, publicó numerosos artículos, y apoyó de forma intensa y comprometida el ideario político de los círculos progresistas, especialmente en todo lo que se refería a la abolición de la esclavitud de los campesinos. Ello hizo que tuviese continuos roces con las autoridades, y, de forma muy especial, con la censura, que siempre le miró con mucho recelo e intervino de forma muy agresiva en sus escritos. Muy duros fueron también sus choques con el clero, ya que muchas de sus publicaciones (incluidos muchos de los cuentos populares que publicó) se consideraron abiertamente anticlericales. Sus problemas políticos hicieron que, durante una época, tuviese prohibido trabajar en instituciones estatales, aunque él siempre se las arregló para sortear estas dificultades, y llegó hasta a desempeñar trabajos administrativos en la Duma. Sin embargo, se le impidió cumplir su aspiración de convertirse en juez y de poder desempeñar así de manera profesional su título de jurista.

Aunque nunca gozó de una vida cómoda ni tranquila, Afanasiev tampoco dejó de ser un lector extraordinario, de coleccionar manuscritos y libros antiguos (que reunió en una biblioteca muy nutrida e interesante), de sentir curiosidad por multitud de cuestiones, e incluso de viajar más de lo que era habitual en su época, ya que conoció Alemania, Suiza, Italia e Inglaterra.

Entre los años 1855 y 1863 publicó en ocho entregas sus Cuentos Populares Rusos

Entre los años 1855 y 1863 publicó Afanasiev, en ocho entregas o fascículos, sus Cuentos populares rusos, una magna colección de más de seiscientos relatos folclóricos rusos que se considera una de las más importantes e influyentes de todo el siglo XIX europeo, junto con la de los Cuentos infantiles y del hogar de los hermanos. Su trabajo de recopilación no consistió en acercarse directamente a campesinos y a personas del pueblo para que le informasen oralmente de los cuentos que recordasen (él mismo no recogió más de una decena para su colección), sino que se basó, esencialmente, en textos que se encontraban depositados en la Sociedad Geográfica Rusa, de la que era miembro desde el año 1852, y que había puesto a disposición del investigador todos aquellos materiales, así como de otros que le proporcionaron diversos amigos y corresponsales. Los textos procedían de casi todas las regiones de Rusia y habían sido recogidos, por lo general, de campesinos iletrados. La labor de Afanasiev consistió en editarlos, en añadirles notas y comentarios filológicos y culturales y, en algunos casos, en analizar sus contenidos y elementos míticos, desde una perspectiva "mitologista" que estaba entonces muy en boga en Europa.

Una serie de cuentos que no había podido publicar en aquella colección vieron la luz años después en un volumen de Cuentos secretos rusos, muchos de ellos pornográficos y anticlericales, que fueron publicados de manera anónima en una imprenta rusa de Ginebra, y que provocaron una gran conmoción en su época y una agria reacción de la Iglesia ortodoxa. En 1870, muy poco antes de morir, Afanasiev vio publicada, bajo el título de Cuentos infantiles rusos, una selección de sus Cuentos populares realizada especialmente para el público infantil.

Pese a que su colección mayor alcanzó un cierto éxito popular, fue también muy criticado por intelectuales y políticos conservadores, y no sólo por su contenido, sino también por su forma, ya que su empeño en conservar modismos y giros lingüísticos regionales y populares se consideró como algo inconveniente, degradante y peligrosamente democrático.

La obra en la que Afanasiev invirtió mayores esfuerzos e ilusiones personales es, sin duda, la que reunió en tres volúmenes bajo el título de Concepciones poéticas de los eslavos sobre la naturaleza (1865-1869). Fue también la que más influencia ejerció sobre los escritores rusos posteriores. Además, Afanasiev escribió una gran cantidad de artículos y de trabajos científicos acerca de la literatura y de la mitología popular del pueblo ruso (especialmente sobre genios, duendes, brujas, etc.), del periodismo satírico del siglo XVII, y de numerosos escritores rusos. Particularmente valiosos fueron sus trabajos sobre el gran escritor nacional ruso, Alexandr Pushkin, de cuyas obras y cartas publicó varias ediciones.

También escribió Afanasiev, durante varias décadas, un diario que constituye un documento importantísimo para el conocimiento de la historia y de la sociedad de la Rusia de su tiempo. Su epistolario fue también muy nutrido e interesante, y muchas de sus cartas, como las que intercambió con E. I. Yakushkin, resultan fundamentales para conocer la evolución de las ideas democráticas en la Rusia de mediados del siglo XIX.

Los Cuentos populares rusos siguen siendo considerados, hoy en día, como una de las grandes colecciones de cuentos reunidos y publicados a lo largo de la historia. Aunque Afanasiev no fuera su recolector directo, se las arregló para respetar palabras, fórmulas y giros con extraordinarias intuición y fortuna, y para ofrecer una muestra enormemente rica de la tradición cuentística de la Rusia campesina. Es cierto que su metodología científica no resiste ninguna comparación con la que desarrollaron generaciones posteriores de folcloristas, pero también lo es que constituyó un decisivo paso adelante con respecto a las tradiciones anteriores, como la encarnada por los hermanos Grimm, ya que fue él quien por primera vez editó cuentos con criterios y objetivos científicos, y no con el simple afán de agradar o de entretener a la burguesía de su tiempo.