El grillo del hogar

EL GRILLO DEL HOGAR de Charles Dickens

Primer grito

Capítulo I

Empezó el puchero. No necesito que me contéis lo que la señora Peerybingle dijera; yo me entiendo. Dejad que la señora Peerybingle se pase hasta la consumación de los siglos asegurando la imposibilidad de decidir cuál empezó: yo digo que fue el puchero. Tengo motivos para saberlo. El puchero empezó cinco minutos antes que el grillo, según el relojito holandés de cuadrante barnizado situado en el rincón.

¡Como si el reloj no hubiese cesado de tocar! ¡Como si el segadorcido de movimientos convulsivos y bruscos que lo remata, paseando la hoz de derecha a izquierda y luego de izquierda a derecha ante la fachada de su palacio morisco, no hubiese segado medio acre de césped imaginario antes que el grillo hubiese hecho notar su presencia!

A decir verdad, no fui nunca terco, como todo el mundo sabe. Por nada del mundo opondría mi opinión personal a la opinión de la señora Peerybingle, si no estuviese perfectamente seguro de lo ocurrido. «Nada me induciría a semejante cosa. Pero se trata de una cuestión de hecho, y el hecho es que el puchero empezó por lo menos cinco minutos antes que el grillo hubiese dado señal de vida. Si insistís, apostaré que transcurrieron diez minutos.

Dejarme contar el caso tal como ocurrió. Es lo que hubiera hecho desde la primera frase a no considerar que si cuento una historia debo empezar por el principio, y ¿cómo queréis que empiece por el principio si no empiezo por la vasija?

Parecía que la vasija y el grillo luchaban. Una lucha musical, exclusivamente musical. Vais a saber su origen y sus consecuencias.

La señora Peerybingle había salido al obscurecer de una tarde húmeda y fría, haciendo sonar sus zuecos sobre el empedrado lleno de lodo; por cierto que sus pisadas reproducían groseramente alrededor del patio una porción de figuras circulares de la primera proposición de Euclides. La señora Peerybingle había ido a la fuente a llenar el puchero. De vuelta ya, y quitados los chanclos, que no era poco —por ser los chanclos muy altos y la señora Peerybingle muy pequeña—, puso el puchero al fuego. Entonces perdió su sangre fría, o por lo menos olvidó la paciencia que la caracterizaba; porque estando el agua fría como el hielo y hallándose en forma de granizo líquido y escurridizo que se infiltra hasta lo más interno de toda substancia, incluso los círculos de hierro que sostienen los chanclos, no había respetado los dedos del pie de la señora Peerybingle, llegando a salpicar sus piernas. Y como precisamente, cuando estamos algo orgullosos de nuestras piernas, y con razón, procuramos con empeño usar medias aseadas, claro está que en principio hallaríamos algo durilla semejante prueba.

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Resumen de EL GRILLO DEL HOGAR (The Cricket on the Hearth) de Charles Dickens

EL GRILLO DEL HOGAR - (The Cricket on the Hearth - 1845) 

La historia se desarrolla en tres días y está dividida en tres cantos. El grillo, símbolo de la paz en los hogares humildes, es el eje del relato: en el primer canto, el grillo está feliz; en el segundo, guarda silencio; en el tercero, vuelve a cantar de nuevo. Dickens escribió un poema en prosa sobre la vida del hogar y el cariño conyugal, un esbozo de como es la vida de las personas sencillas. 

Primer canto: 

La historia comienza en casa de la familia Peerybingle, con el concierto entre el cantar de un grillo y la ebullición de la olla. Tilde, la Sra. Peerybingle, arrullaba a su hijo cuando su esposo John, un carretero, regresaba de su trabajo. Tilde era notoriamente más joven que John, pero ambos eran felices juntos y consideraban que el grillo en la casa los colmaba de buena suerte y bendiciones. 

En la vida de John estaba también un anciano. Tilde y John hablan acerca del futuro matrimonio entre Tackleton, comúnmente conocido como Gruff,  un mercader de juguetes, y una amiga de Tilde, May Fielding. 

Segundo canto: 

Caleb Plummer está en casa con su hija ciega, a quien le hacía creer que vivían en un maravilloso lugar, con muchos lujos y que el Sr. Tackleton era un hombre bromista y bondadoso con la familia; aún cuando todo esto no era verdad, Caleb lo hacía para ver feliz a su hija. Allí también había un grillo, el cual arrullaba al pobre Caleb durante las noches tristes y frías. 

Tackleton llegó a casa de Caleb para pedirle si podía asistir a la reunión con los Peerybingle, pues traerá a su futura esposa para reunirla con su amiga Tilde. Tackleton consideraba a la pobre Berta una idiota, no obstante, ella le admira porque su padre lo describe como una gran persona, y ante la noticia del casamiento, Berta se siente triste y decepcionada, pues está enamorada de él. 

Tercer canto: 

John regresa a casa, y está convencido de una infidelidad de su esposa, cuando coge la escopeta para vengarse, el grillo de la casa empieza a cantar y esto es suficiente para calmarlo y dulcificarlo. A John se le aparece la “Hada Grillo” del hogar que le hace recapacitar acerca de las bondades de su esposa a través del reflejo de un espejo. 

Al final en casa de los Peerybingle se respira un ambiente de felicidad.